Runaways, la adolescencia que no acaba

No puedo evitar que lo primero que me venga a la cabeza al leer Runaways sea “Familia disfuncional”. Aunque eso es una redundancia, porque a día de hoy no he conocido a ninguna familia enteramente funcional.

Todas las familias tienen sus cosas. Tolstoi decía eso de que todas las familias alegres se parecen, pero las tristes lo son cada una a su manera. Eso es muy intenso y muy romántico, pero dudo que sea verdad. Creo que todas las familias son imperfectas, y es en esa imperfección compartida en la que encontramos consuelo.

De ahí el éxito de Runaways, el grupo de adolescentes creado en 2003 cuyos padres resultan ser unos supervillanos de El Orgullo, por lo que los jóvenes deciden escapar y no cometer sus mismos errores.

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Alex Wilder, Gertrude Yorkes, Niko Minoru, Karolina Dean, Chase Stein y Molly Hayes en la portada del #1 de Runaways

Por mucho que diga Tolstoi, es un constante en el crecimiento de toda persona darse cuenta de que sus progenitores no son perfectos. Esa imperfección puede ser más o menos acentuada, claro. Al igual que la perfección previa más o menos creíble. Siempre generalizando, lo que dará lugar a que haya quien diga “yo no”, claro, siempre hay excepciones; pero hay un momento en nuestra niñez en el que nos damos cuenta: Mis progenitores no son perfectos.

Y aunque sea injusto haberlo pensado en algún momento -injusto para ellos, son personas, al fin y al cabo- no podemos evitar cierto sentimiento de rabia y traición.

Cada cual tiene su familia y sus experiencias, sin embargo, también suele ser por esa época en la que descubrimos los amigos. O los redescubrimos. Esa “familia elegida” de la que nos rodeamos, tras decepcionarnos la que nos venía impuesta. Nadie nos preguntó si queríamos ser hijos/hijas de.

Aunque en la elección de las amistades juegan otros factores también, en el propio Runaways la “familia elegida” viene casi impuesta por las circunstancias. Pero nadie les obliga a seguir juntos, ¿no?

Para mí, Runaways, esa serie que triunfó porque supo reflejar bien el cabreo adolescente con los padres. Solo es mi opinión. Y por supuesto hay otros muchos factores para su triunfo: el talento de Vaughan, el dibujo de Alphona, las portadas de Jo Chen…

Runaways, ¿se fue diluyendo la serie o es que el público creció? Quién sabe.

Hace unos meses anunciaban su relanzamiento a manos de Rainbow Rowell, escritora de literatura juvenil (y hago este apunte no como algo peyorativo, sino tratando de recalcar el acierto de su elección para una serie como Runaways, y por otro lado, añado que todo lo que he leído de ella me ha gustado y mucho), Kris Anka, siempre fabuloso en sus diseños y dibujos, y el color vibrante del gran Matt Wilson.

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Portada de la edición española, de Anka y Wilson

El equipo creativo auguraba cosas buenas, sin embargo, ¿sabrían escribir Runaways? Y…¿tengo yo edad para esto?

Además de “familia disfuncional”, otra cosa empezó a sonar en mi cabeza en esta nueva etapa fue: “el equilibrio es imposible”, de aquel disco de Los Piratas de cuando era adolescente.

Rainbow Rowell trae otra verdad dolorosa sobre la familia, elegida o no, y es que incluso la gente que quieres te decepciona, hace cosas que no entiendes. Te enfadas. Te enfadas con la gente que quieres, no funciona, las cosas cambian pero algo entre vosotros no y sin saber por qué un día te despiertas y amigos de toda la vida son extraños.

Porque las familias elegidas también son disfuncionales y es muy difícil encontrar el equilibrio. Y cuando lo haces es momentáneo, desaparecerá de nuevo. Habrá que encontrar fuerzas una y otra vez para restablecerlo.

De eso va la nueva etapa, de los cambios constantes y cómo afrontarlos sin que nos separen de la gente a la que queremos, de la gente a la que hemos elegido querer.

Quizá es que yo nunca he superado la adolescencia (cosa que no voy a discutir: todavía me gustan Los Piratas y no sé si a fecha de hoy es algo que puede reconocerse públicamente o no y se han convertido en uno de esos grupos que “ya no mola nada que te gusten”), pero me ha gustado mucho esta nueva etapa de Runaways.

O quizá es que la adolescencia, o más bien, sus consecuencias, son algo que no se supera nunca y nos pasamos la vida intentando encontrar algo de equilibrio.

 

 

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